Guillermo del Toro y la magia sin CGI: el arte de lo tangible en el cine
En un mundo donde el CGI se ha convertido en la herramienta favorita de Hollywood, Guillermo del Toro ha decidido remar contra la corriente. La reciente noticia de que en su próxima película, Frankenstein (2025), ha prescindido casi por completo de los efectos digitales generados por computadora no es una excepción, sino la confirmación de una filosofía que ha guiado gran parte de su obra: el amor por lo tangible, lo artesanal y lo físico en el cine.
Una filosofía de lo palpable
Del Toro ha repetido en múltiples entrevistas que prefiere los efectos prácticos porque cree en la materialidad de las imágenes. “Cuando filmas algo que realmente está frente a la cámara, el espectador lo siente”, ha declarado en diversas ocasiones. Para él, la ilusión cinematográfica no depende de la perfección digital, sino de la imperfección orgánica de lo real. Esa arruga en un animatrónico, esa textura en el látex o el maquillaje prostético, generan una cercanía emocional imposible de reproducir con algoritmos.
Ejemplos a lo largo de su filmografía
Desde Cronos (1993), su ópera prima, del Toro apostó por criaturas y artefactos construidos físicamente. En El espinazo del diablo (2001), el fantasma de Santi fue creado con maquillaje y prótesis, y el agua que brotaba de su herida era un efecto práctico, no digital.
En El laberinto del fauno (2006), quizás su película más emblemática, el Fauno y el Hombre Pálido —interpretados por Doug Jones— fueron construidos con trajes, prótesis y un trabajo artesanal minucioso. Solo se usó CGI para pequeños retoques, nunca como sustituto de lo físico.
Incluso en La forma del agua (2017), cinta que le valió el Oscar, la criatura anfibia fue encarnada por un actor en traje y maquillaje prostético, mientras que los efectos digitales se limitaron a detalles como parpadeos o retoques de color.
La importancia de lo real
¿Por qué esta insistencia? Para del Toro, los efectos prácticos conectan al público con el cine de otra forma. En sus propias palabras: “El cine es un acto de fe. Cuando ves algo tangible, tu cerebro y tu corazón lo creen. El CGI puede impresionar, pero rara vez conmueve”.
Esta visión no significa un rechazo absoluto a la tecnología digital. Del Toro ha señalado que el CGI es una herramienta valiosa cuando se usa para complementar lo práctico, no para reemplazarlo. Su filosofía es clara: lo real primero, lo digital como apoyo.
Frankenstein: una apuesta radical
La decisión de filmar Frankenstein con efectos prácticos refuerza la vigencia de esta filosofía. En una historia tan cargada de simbolismo sobre la carne, la materia y lo humano, la elección de criaturas y escenarios palpables no solo es coherente, sino también un gesto de resistencia frente al cine dominado por pantallas verdes.
Del Toro entiende que Frankenstein no es solo un monstruo, sino un cuerpo. Y ese cuerpo, con todas sus cicatrices y texturas, debe sentirse presente, casi respirando en la sala de cine.
Conclusión
La obra de Guillermo del Toro nos recuerda que el cine no es solo espectáculo, sino también artesanía, tacto y emoción. Su rechazo al CGI como solución fácil es, en realidad, una invitación a volver a creer en lo tangible. En tiempos donde lo digital parece borrarlo todo, Del Toro insiste en recordarnos que la magia del cine aún puede construirse con manos humanas.
Referencias:
- Entrevistas a Guillermo del Toro en Collider, IndieWire y The Hollywood Reporter.
- Cronos (1993), El espinazo del diablo (2001), El laberinto del fauno (2006), La forma del agua (2017).
